Yo, Pitágoras, nací en aquel 580 a.C. en una isla llamada Samos (Grecia). Ahora en estos tiempos se me toma como un personaje importante de la historia, porque descubrí ciertas teorías matemáticas y me dediqué a enseñar.

Mostré un gusto especial por las matemáticas y la filosofía, ya que me interesaba mucho el origen de las cosas, la belleza y la complejidad de nuestro mundo, y quería ver cómo nacían todas aquellas simples apariencias o cosas que nos rodeaban y que habíamos aceptado como tal, sin preguntarnos el por qué.

Además, tuve la grandiosa suerte de coincidir con tales de Mileto, de quien aprendí muchos conocimientos matemáticos, procedentes de Egipto y Fenicia.

Fue este precisamente quien me invitó a conocer Egipto para estudiar matemáticas. Por Egipto viajé  durante muchos años y allí adquirí mi formación mística-religiosa.

Viví durante 12 años en Babilonia y finalmente me instalé  en el sur de Italia donde fundé una fraternidad   de pitagóricos, una sociedad religiosa y filosófica.

Hoy mi figura está envuelta en un halo de leyenda, misticismo y hasta de culto religiosos. No es tan extraño si pensáis que fui contemporáneo de Buda, de Confucio y de Lao-Tse (fundadores de las principales religiones orientales).

La principal aportación de esta escuela pitagórica ha sido la de introducir la necesidad de demostrar las proposiciones matemáticas de manera inmaterial e intelectual, al margen de su sentido práctico. Además dividen el saber científico en cuatro ramas: la aritmética o ciencia de los números, la geometría , la música y la astronomía.

Mi curiosidad iba más lejos de la filosofía, ya que también me interesaban mucho las matemáticas. Me pregunté muchas cosas, creé unas cuantas teorías, pero lo que me colmó de gozo fue la demostración  del famoso teorema que lleva mi nombre y hoy sin duda es el teorema que cuenta con mayor número de demostraciones. Y dice así: En un triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa, es igual a la suma de los cuadrados de los catetos. Su demostración visual puedes ver a continuación.


 

 

 

Gracias a este teorema , otros pitagóricos, como consecuencia natural de ella, descubren los números irracionales y llegan a la conclusión, por ejemplo, de que la raíz del número 2 existe, ya que es la hipotenusa de un triángulo rectángulo isósceles de lado común 1. El descubrimiento de estos nuevos números desestabilizó totalmente sus antiguas concepciones. Visualmente puedes observar sus descubrimientos.

 



 

Estos amigos míos, estaban convencidos de que la clave para la comprensión del orden del universo se encerraba en los números, que para ellos se reducían al conjunto de los enteros positivos. Fue cuando me di cuenta de que existía una estrecha relación entre la armonía musical y la armonía de los números.

 

Descubrí que al pulsar una cuerda tirante obtenemos una nota. Cuando la longitud de la cuerda se reduce a la mitad, es decir en la relación 1 : 2 obtenemos una octava. Si la longitud era 3 : 4 obtenemos la cuarta y si es 2 : 3 tenemos la quinta. 

De todo ello deduje que la altura de la nota producida depende de la longitud de la cuerda. Así que mi aportación consistió en relacionar los tonos de los sonidos con razones de números enteros.

En resumidas cuentas pienso que los números son el principio de todas las cosas.

Después de haber dejado resumida mi vida en estos folios, que creo pueden ser importantes, por si dentro de un tiempo a alguien le interesa saber pequeños detalles que a la larga son importantes, y tiene esa curiosidad que tenía yo, cuando empecé a investigar.

Decir también que me alegro mucho de haber aportado algo a la historia y que todos mis esfuerzos y empeños hayan servido para algo.

MAYDER IRISARRI
1º BACHILLER