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Estos
enfermos carecen de neurotransmisor, la hipocretina, que
provoca que sus ritmos de sueño y vigilia no estén
claramente separados. Es como un fallo informático en el
cerebro que tiene como consecuencia que los pacientes se
duerman rápidamente, pero que nunca puedan alcanzar la
fase del sueño profundo.
En vez de eso, se pasean por un escalón intermedio de la
fase del sueño REM (ausencia de actividad muscular y
alta actividad cerebral) lo que hace que sus vidas sean
una serie de fragmentos de días y noches y que les
impide tener un control sobre sí mismos y conviven
siempre con una constante sensación de cansancio. |