Esta historia, aunque no parezca real, ocurre todos los días en nuestro cuerpo, porque todos llevamos un pequeño juerguista dentro.

En la discoteca celular entraron una preciosa base nitrogenada llamada Timina junto a su hermana Guanina en busca de diversión.

Encontrase nuestra amiga Timina con un doble enlace hidrogenado que le presentó a un apuesto Adenina con el que tras un sensual baile quedó enlazada.

 

Mientras esto ocurría entró en la discoteca un nucleótido formado por una pentosa, un fosfato y una guanina. Buscaba un agradable triple enlace y una citosina para formar un peldaño de la vida, y lo encontraron.

Así, peldaño tras peldaño, una cadena de ADN terminó formándose bailando al son de la música.

Una sirena se oyó a lo lejos. La música paró y una tensión palpable en el ambiente se adueñó del local. ¡La poli-zima estaba allí!

Los enlaces de hidrógeno temblaron, sabían que sus trapicheos de hidrógeno habían sido descubiertos, así como sus bodas ilegales. ¡Iban a por ellos!

Los poli-zimas arrestaron a los enlaces, quedando los nucleótidos separados.

Miremos ahora todo esto desde un plano superior, otra perspectiva. Realmente, ¿qué está pasando aquí?

Los nucleótidos forman ADN. Los enzimas (poli-zimas), rompen los puentes de hidrógeno y nos dejan dos cadenas separadas. Otras enzimas cogen las bases nitrogenadas complementarias y forman dos cadenas iguales entre sí.

Así es el ciclo de nuestro material genético, es decir, de los peldaños de nuestra vida.

 


Edurne Ecay,  Maite Iriarte, Leire Martinez,  Maiquel Pinto,  Sonia Zazpe